Criminología y el sexo, Criminalidad juvenil, estado peligroso, umbral de la delincuencia e integrativismo

La Criminología y el sexo.
El sexo posee una importante significación criminológica, hasta hoy el
fenómeno de la delincuencia femenina aparece como poco estudiado en la
criminología científica. La criminalidad femenina comparada con la masculinidad
se sitúa muy por debajo de esta; la participación de la mujer en la suma total de
crímenes (criminalidad) es de un máximo 13%, de una sociedad dada.
Las estadísticas criminales en todas las latitudes y en todas las épocas
coinciden en que la participación de la mujer en el delito es escasa.
Quetelet, el creador de la estadística así lo afirmó, que la criminalidad de la
mujer era cinco veces menor que la de los hombres. En Venezuela sin embargo,
en los últimos años, por la creciente intervención de la mujer en la vida económica
del país, se ha incrementado la participación de la mujer en el área laboral; en el
área educativa la mujer tiene una presencia mayoritaria en nuestro país, vemos
como el 70% de la matrícula de los institutos de educación media, técnica y
superior está ocupado por la mujer. Esto también ha señalado un aumento de su
participación en la delincuencia y la masculinización de los delitos.
En el estudio de la criminalidad femenina, hay que tener presente que aún
cuando el hombre y la mujer sean iguales en cuanto a seres humanos, sus
esencias biológicas son distintas; y distintas sus manifestaciones a largo de la
vida. Desde la infancia comienzan a perfilarse en forma diferente los
comportamientos masculino y femenino, y es en la pubertad, con la aparición de la
función sexual cuando se dividen los caminos vitales que uno y otra habrán de
seguir.
Existe una corriente que sostiene que la diferencia estadística que sitúa a la
delincuencia femenina inferior a la masculina, se debe a ciertos factores:
Factores judiciales: las víctimas de delitos cometidos por mujeres no reaccionan
contra ellas, con la misma diligencia que suscita la delincuencia del hombre. La
policía no las persigue con igual empeño y rigor; en los tribunales es absuelta con
más facilidad, afirman.
Muchos sostienen que la cantidad de delitos cometidos por mujeres es más
elevada que las recogidas por las estadísticas, porque no se denuncia. Sostienen
que la mujer es gran instigadora, dada a la complicidad, al encubrimiento y al
ocultamiento de cosa provenientes del delito y que no es recogido por las
estadísticas. Pero la mayoría coincide en opinar que con todo lo que se pueda
alegar, siempre la mujer delinque menos que el hombre, y que cuando lo hace,
causa un menor daño social.
Antes de entrar en los factores biológicos, recordemos lo que enseña, la Ley
fundamental de los sexos, demostrando que el hombre y la mujer no son nunca
iguales. Las células femeninas y las masculinas son diferentes en sus dotaciones
cromosómicas. En la célula femenina todos los pares de cromosomas están
formados por dos elementos semejantes (XX), y la fórmula cromosómica
masculina es (XY).
Factores biológicos: los criminólogos de esta tendencia insisten en el menor vigor
físico de la mujer comparado al del hombre. Esto se traduce, en que la actividad
delictiva femenina no está orientada hacia los delitos violentos que requieren
fuerza, hacia la delincuencia muscular.
Lo fisiológico: la evolución fisiológica de la mujer se refleja en su delincuencia: la
pubertad, la menstruación, los embarazos, los partos y periodo post-parto, la pre
menopausia y la menopausia. Cada una de estas etapas presentan causas
provocadoras específicas: en la pubertad, se inicia un período de latencia delictiva
que se extiende hasta la menopausia.
Criminalidad específicamente femenina.
Existen delitos específicamente femeninos, delitos específicamente
masculinos y “neutros”, son los delitos que pueden cometer la una o el otro.
El delito de aborto: procurado, buscado, logrado por la mujer y el infanticidio: en el
que se revela el conflicto de la madre con el recién nacido.
El infanticidio y sus variedades: el puerperal que se asemeja a la enajenación
mental, ya que es cometido por la madre (recién parida), sin motivo lógico alguno
sólo bajo la acción de un estado patológico, como consecuencia del parto mismo.
Este tipo de delito nos recuerda el caso, en nuestro país, de la madre que dio a luz
en su casa y dio muerte a su hijo (infanticidio puerperal a consecuencia de tóxicos
probablemente), y luego metió en un congelador, donde permaneció por cuatro
meses, hasta que accidentalmente fue hallado y se procedió al enjuiciamiento.
El infanticidio honoris causa, es el cometido por la mujer, para ocultar la deshonra
de quien concibió, soltera o casada. El infanticidio “honoris causa” por motivo de
horror a una concepción abominable (es el producto de una violación, de un
extraño o de su padre, son los casos que ha ocupado a Europa en el 2008, o de
un rapto).

Delitos que pueden ser cometidos por cualquiera -hombre o mujer- pero,
que nos interesa los que aparecen como más especialmente ligados a la
delincuencia femenina:
Delitos contra la propiedad:
Los hurtos: se sostuvo por algunos estudiosos que era más frecuente antes de la
menarquía, y durante la menstruación; los delitos en casa de familia por la
doméstica, por una visita, en almacenes, supermercados, también los que realizan
las prostitutas a sus clientes.
Las estafas y los fraudes junto con la apropiación indebida, son delitos que se
están denunciando (claro en niveles muy por debajo al cometido por los hombres),
pero lo que se ha denominado la masculinización del delito, debido al tipo de
preparación y de cargos que ocupa hoy la mujer. Entra en este tipo de delitos
(gerentes de empresas, directores, cajeras), el forjamiento de cheques.
Entre los delitos contra las personas: las lesiones y el homicidio, el medio
empleado con preferencia es el veneno y últimamente ha habido (pocos en
realidad, pero han causado honda conmoción y repudio), casos de conyugicidio,
donde la mujer aparece contratando a un tercero para eliminar al esposo con la
finalidad de venganza y de heredarlo, o para eliminar a la amante. Otro medio
usado últimamente para agredir o defenderse es el arma de fuego.
Otros delitos: los delitos del abandono de niños, y el delito de sevicia o de abuso
de los medios de corrección o de disciplina. Corrupción de menores; sustracción
de menores, la injuria y la calumnia, el falso testimonio, el encubrimiento, la
instigación a delinquir, el adulterio.

Delincuencia infanto-juvenil.
Por delincuencia juvenil debe entenderse, todos aquellos actos cometidos
por menores de 18 años, que cometido por un mayor (de 18 años), sería estimado
como delito.
El menor como ser en desarrollo, presenta características, problemas y
situaciones de índole especial, lo cual amerita la existencia de una singular
legislación que regule y dirija el estudio de su problemática.
El hombre en sus diferentes edades nos presenta interesantes aspectos. En
este tema, encontramos la fase etaria, puede ser un factor criminógeno, no el
único, y a la criminología le interesa además del estudio del sexo, masculino y
femenino -contenido del tema anterior- estudiar cronológicamente la fase etaria
por la cual atraviesa el hombre. El hombre desde su nacimiento hasta su muerte,
recorre una elipse vital, a través de una serie sucesiva de etapas que se ha
denominado, en interés del tema:
Infancia
Pubertad
Adolescencia
Adultez
Madurez y
Vejez
Cada una de estas etapas, cumple en el hombre, ciertos períodos de años y
en cada una, muestras diversas facetas en ese proceso biológico, se nota, en el
tema de la personalidad en su proceso de formación, estructuración y desarrollo.
En la etapa infantil, el hombre es ego centrista y tiene dificultad para
distinguir los planos objetivos del mundo circundante y subjetivo de su propio ser;
la pubertad, primera fase de la adolescencia, en la cual se producen las
modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta; la adolescencia es
la edad que sucede a la niñez y que transcurre, desde la pubertad hasta el
completo desarrollo del organismo. Es probablemente, el período de mayor
desequilibrio del hombre. Es el despertar a la sexualidad, que se le presenta como
una materialidad, su curiosidad a ese mundo de sensaciones, la falta de
capacidad de auto-crítica, su inestabilidad emocional (producto de su base
endocrina, de las hormonas). Todo este descontrol, que dura muchos años (hasta
los 25 años, según el comportamiento reflejado por las estadísticas, que
constantemente da a conocer la intensidad de la criminalidad para ambos sexos
entre los catorce y veinticinco años), revelan que en esta etapa, el hombre puede
tener un comportamiento disociador, es una etapa que se facilita, para el
comportamiento irregular, especialmente en lo que se refiere a la disciplina,
deserción escolar, rebeldía dentro del hogar, comete pequeños hurtos, consumo
de alcohol, drogas, pasando al tráfico.
Causa de los trastornos de la conducta juvenil- conducta criminal.
Factores biológicos, dependientes de la constitución orgánica y psíquica del
niño y los factores sociales, provenientes del medio en el cual se desarrolla y del
cual se nutre su personalidad.
Como causa de la delincuencia de niños y adolescentes se mencionan: el
alcoholismo, la adicción a las drogas, de ambos padres, antes de la concepción y
durante, y en caso de la madre durante el embarazo, se indica con frecuencia
como factores de anormalidades mentales y físicas (además de la desnutrición,
las taras provenientes de las enfermedades como rubiola, la sífilis, y otras
enfermedades venéreas, -se emplea para detectar esta tara el empleo de la
reacción de Wasserman-, citado por Cuello Calón). Se menciona también la
tuberculosis, una enfermedad que se creía controlada y/o extinguida, se dice que
es una nueva cepa resistente a los fármacos conocidos, y no sabemos con
seguridad la significación de otras enfermedades, en la disposición a la
criminalidad del menor.
El factor personal: congénito genético y el congénito no genético,
patológicos ambos. El primero podemos citar (examinado), cuando la información
genética está dañada por alteraciones del material genético dando origen al
síndrome de Down (trisonomía en el par 21), y los factores congénitos no
genéticos –patológicos- son aquellos que afectan inclusive al óvulo, al feto normal
en el curso del embarazo o en el momento del nacimiento; también el sufrimiento
fetal tanto en el embarazo como en el parto -la anoxia e hipoxia (anoxia, ausencia
total de oxígeno; hipoxia, disminución sensible del oxígeno que afecta al feto)-
que pueden producir retardo mental, en razón a la intensidad.
Factores posteriores al nacimiento: (englobado en los biológicos), la mala
nutrición y los maltratos físicos. La desnutrición es la manifestación de la pobreza
y hoy de la miseria en el mundo. (Más de mil trescientos millones de personas
están en pobreza crítica en el mundo, de los cuales el 70% son mujeres y niños).
Factores sociales o exógenos: en Venezuela, la constitución familiar es
deficiente, donde la figura del padre está casi siempre ausente, o es un alcohólico
o muy joven o es un padrote (padre biológico, de numerosos hijos de distintas
mujeres); la deserción escolar, el hacinamiento familiar en los ranchos, viviendas
sumamente precarias (techo de zinc); pobreza crítica; vivienda estrecha e
insalubre carecen de servicios, de cloacas, agua potable , energía eléctrica, en las
cuales viven padres e hijos en un solo ambiente, quizás separado por cortinas
(tela o sabanas)en el mejor de los casos (promiscuidad, incesto, abusos
deshonestos); el niño y/o joven, siente el abandono por parte de la familia (la
madre trabaja), y se lanzan a la calle; cuando no los abandonan, ellos se van del
hogar (vagabundeo), los llamados muchachos de la calle, denominados así en
Venezuela, pero los niños y jóvenes se encuentran en condiciones parecidas en
las calles en todas partes del mundo subdesarrollado, tanto en América latina,
como Filipinas.

El umbral delincuencial
Ahora bien, retomando la teoría de la “personalidad criminal”, tenemos que
señalar que para la teoría del “paso al acto” (acting out) el crimen tiene una zona
de tolerancia que denominan “umbral delincuencial” (término tomado de la
psicología de las sensaciones): el que una sensación sea percibida por un sujeto
no depende exclusivamente del estímulo externo, sino también de los llamados
umbrales absolutos inferior y superior; nuestro ojos, por ejemplo, no perciben ni
por debajo de las vibraciones rojas -infrarrojas- ni por encima de las vibraciones
violetas -ultravioletas-; igual ocurre con los oídos, los cuales no perciben sonidos
con menos de 16 ciclos/seg. ni por encima de 20.000 ciclos/seg… Pues bien,
desde el punto de vista criminológico el interés se ha puesto en el umbral inferior
(considerado más bajo en el delincuente que en el no delincuente) y sobre el cual
se ha montado la teoría del “umbral delincuencial”, el cual se mide por la cantidad
de estímulo criminógeno necesario para que un individuo concreto dé el paso al
acto delictivo.
El concepto de “umbral delincuencial” permitiría determinar la relación en
que se encuentran la situación externa y la personalidad del delincuente en el
momento del paso al acto. Se ha considerado como evidente la concurrencia de
ambos factores, puesto que, si el estímulo permanece constante, dependerá del
umbral individual el que un sujeto dé el paso al acto, en tanto que otro se
mantenga en la observancia de la ley; por el contrario, si el umbral permanece
constante, será la fuerza del estímulo la que decidirá el paso al acto.
Siendo así las cosas, desde el punto de vista de la Criminología Clínica,
ésta se ha preocupado por encontrar los factores de la personalidad que facilitan
el paso al acto al rebajar el umbral delincuencial; es decir, cuáles son los factores
que integran la denominada “personalidad criminal”.
A este propósito, se ha partido del supuesto de que el no delincuente posee
mecanismos inhibitorios suficientes ante el estímulo criminógeno, los cuales le
sirven de reductores o frenos que el impiden el paso al acto y lo mantienen dentro
de la ley. Estos frenos actuarían en dos momentos diferentes: al formarse la
decisión delictiva o al intentar la realización del delito; el primer caso representa el
común denominador de temor ante las consecuencias del delito y, el segundo, se
daría por la carencia de medios y/o cualidades para llevarlo a cabo.
El delincuente, en cambio, es el negativo del cuadro anterior, o sea él
carece en mayor o menor grado de dichos reductores o frenos inhibitorios, por lo
que su umbral delincuencial es más bajo; así mismo, se supone en él unas
ausencia de temor a las consecuencias del delito que se ha denominado
“inintimidabilidad”, cualidad a la que puede juntarse la “nocividad”, condición que
se concreta cuando, además, posee los medios y cualidades para realizar el
delito.

El estado peligroso
Es obvio que para el Derecho Penal sólo entran en la categoría de los
“delincuentes” las personas que han sido condenadas por la perpetración de un
determinado delito. No obstante, a la Criminología no ha escapado la realidad de
que el reducido grupo de los condenados por la perpetración de delitos, en modo
alguno agota el mundo de los que viven del delito (hay quienes cometen delitos
con frecuencia, aunque tengan la habilidad de eludir temporal o definitivamente la
acción de la justicia penal). Es por esto que a la Criminología interesa el estudio,
tanto del sujeto que es “formalmente” delincuente (condenado por la comisión de
un delito), como el individuo que habiendo cometido un delito no ha sido
descubierto, y de aquel que, según todas las apariencias, está a punto de delinquir
(predelincuente). Los dos últimos, si se quiere, representarían un peligro social
mayor que el delincuente “formal”, porque, careciendo de antecedentes pueden
llevare a acabo sus acciones antisociales con mayor libertad; por otra parte y en
orden a la acción preventiva del Estado, por conservar aún su fama y una serie de
inhibiciones y valoraciones que en el primero de ellos se suponen ya perdidas,
ofrecen mayores posibilidades de rescate.
Desde los comienzos de la Criminología se ha reflexionado sobre estos
hechos. Recuérdese que Enrico Ferri postuló que mejor que castigar es prevenir.
“Estado peligroso” es un concepto inicialmente propio de la psiquiatría (de
uso común en ella desde comienzos del siglo XIX). Desde 1878 Rafaelle Garofalo
comenzó a usar dicho concepto en relación al delincuente (Pinatel, 1974), pero él
habla primero de “temibilidad” (hoy denominada “capacidad criminal”), a la cual
definió como “la perversidad constante y activa de un delincuente o la cantidad de
mal que puede temerse del mismo”; es decir, la tensión interna delictiva, la
potencia delincuencial de un sujeto, lo que es capaz de dar de sí su personalidad
concreta en el campo delictivo; concepto que posteriormente se complementa con
el de “adaptabilidad social”, dejando así señalados el concepto criminológico de
“estado peligroso” y sus componentes.
Resumiendo, el “estado peligroso” tiene dos componentes:
La capacidad criminal o “potencial delictivo individual”, que depende de la
personalidad del sujeto (aplicación de la personalidad al delito).
La adaptabilidad social o “idoneidad del delincuente para la vida social”
(posibilidad de adaptación de su actividad al medio en que se inserta).
Entonces, la capacidad criminal viene condicionada por el medio en que se
mueve el sujeto, en cuanto que es el campo de expansión de su personalidad
(posibilidad que ofrece al sujeto para realizar sus planes, legales o no).
Ahora bien, por otra parte, se ha encontrado que clínicamente el “estado
peligroso” tiene dos formas de manifestación:
Crónica (permanente) cuando se constituye en estructura de la
personalidad, que hace al sujeto proclive al delito, o sea es parte del carácter del
sujeto (caso del delincuente habitual).
El término “estado” se toma aquí en el sentido que se le atribuye cuando,
por ejemplo, se habla de “estado civil”.
Aguda (crítica) es la forma que asume en el sujeto en el momento inmediato
que antecede a la comisión de un delito: instante de crisis que precede el “paso al
acto”; etapa decisiva del “íter criminis”. Estado peligroso inminente por el que pasa
todo delincuente (Pinatel, 1974).
El término “estado” se toma aquí en el sentido que se le atribuye cuando,
por ejemplo, se habla de “estado febril”.
Por otra parte, tomando en consideración si el sujeto aún no ha cometido un
delito o si ya lo ha cometido, se distingue entre:
a) Estado peligroso predelictual (peligrosidad social), que es aquel que se
pone de manifiesto antes de una primera infracción, cuya probabilidad es
de difícil apreciación, salvo en algunos casos especiales; ése es el caso,
por ejemplo de los enfermos mentales, de los mendigos, los vagabundos,
los alcohólicos y los toxicómanos. En todo caso, la valoración de este
“estado peligroso” debe ser individualizada, porque sería arbitrario
considerar peligrosos a todos los sujetos mencionados, por su sola forma
de vivir.
b) Estado peligroso postdelictual (peligrosidad criminal), que es aquel que se
pone de manifiesto después de la primera infracción, y cuyo índice es la
“reincidencia”.
La prostitución:
Según algunos autores es entendida como la entrega de su cuerpo, que con
fines de lucro, realiza periódicamente una mujer a un número indeterminado de
hombres.
Tipos de prostitución atendiendo al sujeto que la ejerce:
1. La tradicional la ejercida por la mujer para el hombre, que es su cliente, en
el comercio carnal (a un número indeterminado de clientes).
2. La ejercida por el hombre, para la mujer, el “boom” del sexo pago para
mujeres solas (amas de casa, profesionales, viudas).
3. La prostitución ejercida por el hombre- travesti- también el homosexual para
clientes hombre.
4. La ejercida por el hombre muy joven para el hombre cliente, esta
modalidad, en la que los jóvenes, muy jóvenes conceden su vigor,
realizando para su cliente el acto viril y el cliente se comporta en su rol
pasivo (de mujer).
Drogadicción
La drogadicción es una enfermedad que consiste en la dependencia de sustancias
que afectan el sistema nervioso central y las funciones cerebrales, produciendo
alteraciones en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones. Los
efectos de las drogas son diversos, dependiendo del tipo de droga y la cantidad o
frecuencia con la que se consume. Pueden producir alucinaciones, intensificar o
entorpecer los sentidos, provocar sensaciones de euforia o desesperación.
Algunas drogas pueden incluso llevar a la locura o la muerte.
La dependencia producida por las drogas puede ser de dos tipos:
– Dependencia física: El organismo se vuelve necesitado de las drogas, tal es así
que cuando se interrumpe el consumo sobrevienen fuertes trastornos fisiológicos,
lo que se conoce como síndrome de abstinencia.
– Dependencia psíquica: Es el estado de euforia que se siente cuando se
consume droga, y que lleva a buscar nuevamente el consumo para evitar el
malestar u obtener placer. El individuo siente una imperiosa necesidad de
consumir droga, y experimenta un desplome emocional cuando no la consigue.
Deserción escolar:
Factor motivado por varios elementos tanto internos como externos, por ejemplo
externos: presiones económicas, influencia negativa de padres, amigos, familiares,
maestros, complejidad de las materias.
La deserción escolar es el último eslabón en la cadena del fracaso escolar. Antes
de esto posiblemente quedó repitiendo, con lo que se alargó su trayecto escolar.
Esto bajó su autoestima y comenzó a perder la esperanza en la educación. En
consecuencia, para comprender el punto final de la deserción, se debe analizar
más detenidamente el comienzo del problema de repetir. Ella es la mayor causa
de deserción escolar, un repitiente tiene alrededor de un 20% más de
probabilidades de abandonar el sistema escolar.
La deserción o abandono de los estudios afecta mayoritariamente a los sectores
pobres y a la población rural. Lo cual ocurre con frecuencia alrededor de los 10
años, edad en la cual los niños/as comienzan a trabajar; sin embargo, en diversos
centros educativos se aprecia mayor deserción en los primeros niveles.
La mendicidad:
La mendicidad es un “problema” que se encuentra en cualquier tipo de
sociedad, aunque para muchos se diga es la más perfecta, esta siempre tendrá
alguna personas que lastimosamente no tiene los medios suficientes para
satisfacer sus necesidades básicas.
Aunque seguramente si eres un poco “vivo” vas a estar pensando seguramente en
la cantidad de personas que van a pedir dinero en las calles a pesar de que no lo
necesiten para nada.
Este es uno de los problemas más grandes que ocurren en nuestro país ya que
ciertos personajes salen a las calles todos los días a pedir algunas monedas, y si
les hacemos alguna buena investigación son personas que poseen un buen carro,
y una vida en la que no necesitan hacer este tipo de cosas.
Se podría deducir de lo anterior que lo hacen por deporte, haciendo que personas
necesitadas de esa ayuda que pocos dan sea dada de mala gana en ciertos
casos, y prácticamente siempre con un sentimiento de culpa.
Por otro lado existen los reconocidos consumidores de psicoactivos o droga,
los cuales se podría decir que son unos maestros a la hora de pedir una limosna,
su poder de la palabra y de molestar a la persona son increíbles, porque
prácticamente siempre sus trucos les salen tal cual lo esperan consiguiendo la
moneda por la que tanto trabajaron.
Integrativismo
Pedro R. David es un sociólogo y criminólogo argentino a quien, como tal, le
ha preocupado la relación entre el Derecho y las ciencias sociales,
específicamente en referencia a la América Latina. Esta inquietud lo llevó a visitar
las facultades de Derecho de Sur y Centro América, donde encontró que la
preparación de los profesionales del Derecho está centrada en el Derecho
codificado y que, en la enseñanza de la sociología se ha abandonado el análisis
de la vida jurídica, cuestión ésta que considera de trascendental importancia en
los tiempos que vivimos para que el Derecho cumpla su función social. Todo esto –
según afirma- ha conducido en América Latina al divorcio de la realidad y el
Derecho, con las lamentables consecuencias de violencia y rebeldía que la
caracterizan.
Su conclusión es que el énfasis que se ha puesto sobre el análisis de la
norma jurídica, sobre lo dado en la legislación, ha determinado el abandono del
valor jurídico y del hecho, que son condiciones de la realidad en la cual vive el
Derecho, necesarias para la elaboración de las síntesis de la estructura social y de
la regulación jurídica.
Ningún unilateralismo (centrado en la norma, en el valor o en el hecho) –
enseña David- es deseable, porque ello entraña una desarticulación que impide la
captación del Derecho en su unidad existencial, pues en la conducta plenaria del
hombre, la norma, el valor y el hecho se muestran siempre indisolublemente
unidos. Derecho no lo es tan sólo el del Código, sino también el que “vive” en la
conducta concreta: el que está en el proceso de socialización de las familiar, de
las escuelas y de la vida humana en general.
Pero, esto no ocurre en América Latina, donde el sistema jurídico adolece
de fallas estructurales, pues en la elaboración de los códigos no se han tomado en
cuenta las condiciones de la realidad, que es la realidad de los códigos y la
realidad social histórica de la sociedad juntos (en América Latina, la inmensa
mayoría de las legislaciones son calcos impecables de otras doctrinas y
legislaciones extrañas, lo cual significa: otras culturas, otras historias, otras
estructuras socioeconómicas, otros hombres y otros grupos).
Es sobre la base de esta realidad que surge la perspectiva filosófico jurídica
y sociológica integrativista propuesta por el profesor Pedro David como orientación
dirigida a superar las consecuencias negativas de los unilateralismos, los cuales
conspiran contra la síntesis de la norma, el valor y el hecho o conducta; síntesis
creadora de la justicia, que es el Derecho auténtico. De modo, pues, que la
solución consiste -afirma- en visualizar la vida del Derecho (el fenómeno jurídico)
en una síntesis unificadora y viable del positivismo jurídico, la concepción
valorativa del “Derecho natural” y la perspectiva fáctica de lo jurídico conocida
como “sociologismo jurídico”.
De aquí que Pedro David, en esta perspectiva (integrativismo), entienda
que “el derecho es siempre una conducta que expresa normas, que realiza
valores, y que en caso de desviación de esas normas y de esos valores, es y debe
ser penada con sanciones” (David 1979). El derecho adecuado no está en la
importación de fórmulas (en la normación jurídica), en el Derecho de los códigos,
sino fundamentalmente en aquel que es vivido por una sociedad (derecho
viviente). De no ser así, una gran parte de sus integrantes vive marginada de su
derecho, como ocurre en Argentina –su país- y Latinoamérica, en general; no sólo
porque se adopten normas foráneas, sino también por circunstancias históricas
internas que tienen que ver con las posibilidades que ciertos sectores de un país
tienen, o no, de realizar los valores y las normas que los códigos establecen; es
decir, “un derecho necesita primero y principalmente interpretar las normas de un
país determinado, los valores de un país determinado, ser expresión de una
circunstancia histórica concreta, y sobre todo hacer justicia social mayoritaria”; no
justicia para minorías o para sectores que controlan el poder.

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